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El Duelo

La muerte de un ser querido nos abre una puerta a un camino oscuro, solitario, temible y terriblemente triste, un camino que al principio nos resistimos a seguir pero del cual no podemos escapar. Una vez que empezamos a recorrerlo la puerta que nos llevó a él se cierra, no hay manera de regresar a donde estábamos antes y nos damos cuenta de que el camino es sólo cuesta abajo, sentimos muchas veces que seguiremos cayendo para siempre sin control y que tal vez el destino no sea otro que nuestra propia muerte. Muchas veces la gente que nos quiere intenta desesperadamente liberarnos de ese camino, de esa caída pero no saben que no hay alternativa, el único camino que podemos seguir para salir adelante es cuesta abajo y lo único que pueden hacer es acompañarnos en la caída, no cualquiera se anima a hacerlo.

El camino no es fácil, parece interminable, a ratos faltan las fuerzas pero de pronto un día dejas de caer, te das cuenta de que no puedes bajar más y lentamente empiezas a subir de nuevo. La subida tampoco es fácil, pero al menos el ver que avanzas hacia arriba te da esperanza y poco a poco empiezas a ver una luz, al principio muy tenue y lejana, a veces se esconde pero cada vez va siendo más fuerte, más clara, más intensa hasta que al fin, después de un tiempo que parecía no iba a terminar, encuentras la salida, otra puerta que no es por la que caíste al principio y que te lleva a un lugar nuevo, diferente y desconocido pero terriblemente hermoso. Es entonces que volteas y te das cuenta de que por la puerta no sales sólo tú, sale también esa persona que tanto amabas y que murió y sale Jesús, te das cuenta de que nunca estuviste solo, tu ser amado siempre estuvo a tu lado y Jesús no te abandonó ni por un momento.

Ese camino oscuro que se recorre es el camino del duelo, un camino que te lleva a un nuevo lugar donde existe la única luz que te permite ver con el corazón a tu ser querido para darte cuenta de que nunca se va a ir de ti. Es ese camino oscuro el que te regala la capacidad para vivir en este nuevo lugar que trae consigo cosas maravillosas e increíbles que de otra forma no hubieras conocido jamás. Una nueva vida más sencilla pero a la vez más luminosa, más plena; el dolor y el sufrimiento te conectan con la esencia misma de la vida y crean en ti una capacidad diferente de vivir con más plenitud. En este nuevo lugar aprecias mucho más la vida, te das cuenta de que eres mucho más fuerte, de que estás más vivo.

Esa persona que tanto amaste, al morir te regala su corazón y es precisamente el camino del duelo el que une tu corazón con el suyo de modo que ahora late más fuerte y mejor y te hace vivir con más fuerza, de un modo totalmente diferente. Si no recorres el camino del duelo no serás capaz de recibir ese corazón, no serás capaz de vivir en la nueva vida que te espera donde tendrás la oportunidad de vivir por ti y por tu ser querido honrándolo con tu vida.

Hay quien dice que la muerte de un ser querido no se supera nunca, pero eso depende de qué se entienda por ”superar”. Si “superar” es dejar de amarlo(a), dejar de sentirte triste porque se fue o dejar de extrañarlo(a) es cierto nunca dejarás de sentirte triste ni nunca dejarás de extrañarlo(a), tal vez toda la vida llores a ratos por su partida, pero no hay necesidad de evitarlo extrañar, sentirte triste, incluso llorar no es malo cuando esos sentimientos te impulsan a seguir adelante, el dolor es simplemente parte de la vida y la vida es maravillosa, quien deja de huir del dolor que no se puede evitar encuentra la paz.

Yo creo que “superar” es simplemente VOLVER A VIVIR y si se puede volver a vivir. Aprendes a vivir, a sonreír de nuevo, a soñar con más fuerza y con más facilidad, a disfrutar hasta las cosas más simples de la vida. Aprendes a amar más y mejor, a ser más generoso, más empático y a vivir con menos miedo, con menos preocupación porque te descubres fuerte y capaz.

La muerte y el dolor nos traen regalos profundamente bellos e insospechados; definitivamente no vamos a buscar voluntariamente el dolor pero no tenemos que hacerlo, sin que podamos evitarlo llega solo porque es parte de la vida, sin embargo Dios pensó en todo y creó para nosotros una vida extremadamente hermosa. Contrario a lo que muchos piensan Dios no nos cobra la felicidad con el dolor más bien no se resigna a vernos sufrir e invariablemente nos compensa el dolor con la felicidad verdadera.

Si estás viviendo un duelo no desesperes, ten paciencia y no te detengas, llora lo que sea necesario, si te caes no pasa nada, toma fuerzas, levántate y sigue porque tarde o temprano llegarás a la salida donde algo maravilloso te espera.

Si conoces a alguien que está viviendo un duelo y quieres ayudarle no trates de evitarle el camino que tiene que recorrer simplemente dale la mano y acompáñalo, a su ritmo y a su tiempo, aunque caiga, aunque llore, si no va solo(a) es más fácil que encuentre la salida.

Y recuerda “la muerte no existe, morir es sólo mudarse a una casa más bella…” (Elizabet Kubler-Ross), una casa donde todos algún día volveremos a estar juntos.



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