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Ser como niños

¡Qué difícil es confiar en Dios cuando todo parece estar en contra nuestra! ¡qué difícil es tener fe cuando eso que tanto tememos se presenta en nuestra vida de manera inesperada e inevitable! Y sin embargo sólo podemos encontrar la paz en la confianza total y plena en Dios, pero no es nada fácil hacerlo.

Dice Jesús “Yo les aseguro: si no cambiáis y os hacéis como los niños no entraréis en el Reino de los cielos” (Mt 18,3) ¿y cómo son los niños? Un niño se deja llevar por su padre sin dudar, tal vez a veces pregunte “¿A dónde vamos?” pero aunque su padre no le diga, el niño sabe que su papá no lo llevará a ningún lugar malo, sea donde sea que vayan su papá lo protegerá y él estará seguro; papá sabe más que él y no hace falta preocuparse. Para ser como niños necesitamos ver a Dios como lo que es: nuestro Padre bueno. Él jamás nos dejará solos, jamás soltará nuestra mano y jamás nos llevará a nuestra desgracia, Él sólo busca nuestro bien y nuestra felicidad.

Dejamos de ser niños cuando nos convencemos de que sabemos lo que necesitamos para ser felices, y no sólo qué si no también cómo y cuándo. Con esta convicción hacemos planes, proyecciones y dedicamos gran parte de nuestra energía y esfuerzo a buscar, construir y lograr eso que creemos es nuestra felicidad y pensamos que podemos, de una forma u otra, controlar nuestra circunstancia.

Ante esta realidad abandonarse en Dios es profundamente atemorizante, porque abandonarse y confiar en Dios implica cederle el control, dejar de manejar el barco de nuestra vida y darle a Él el mando para que nos lleve a donde quiera llevarnos. Si fuéramos como niños y viéramos a Dios como nuestro padre bueno no tendríamos miedo pero muchas veces no vemos a Dios como nuestro PADRE y tampoco creemos que es BUENO. Es común que veamos a Dios como juez o como un amo caprichoso que juega con nuestro destino para divertirse o como un ser soberbio que nos prueba para alimentar su ego viendo si lo amamos de veras. Sin embargo si leemos el evangelio, la palabra viva de Dios, Jesús vino a darnos el mensaje contrario: DIOS ES BUENO, ES NUESTRO PADRE Y NOS AMA.

No es fácil confiar pero Jesús es el único camino. El día que dejamos de controlar y aprendemos a confiar, el día que volvemos a ser niños, ese día el camino se hace mucho más ligero, menos difícil. Muchas veces tendremos que recorrer senderos oscuros y complicados, muchas veces voltearemos a ver a Jesús y le preguntaremos como el niño “¿estás seguro de que este es el camino correcto?” y en caso de que así sea de nada servirá resistirnos no habrá más remedio que recorrerlo pero en ese caso simplemente tomémonos fuerte de la mano de Jesús, no lo soltemos por nada y confiemos en que Él conoce el camino y el destino es mucho mejor de lo que esperamos.


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