Agradecer lo vivido
- Celina Robles Montiel

- hace 1 día
- 3 Min. de lectura
¡Qué importante aprender a mirar! Justo después de hacerlo descubrí que algo había cambiado en mí, porque fui capaz de moverme de lugar para percibir todo de una manera distinta, solo siendo consciente pude darme cuenta de algo, aparentemente obvio, pero muchas veces pasado por alto: hoy estoy aquí, sobreviví a cosas que creí imposibles de superar, hubo miedos que me inmovilizaron por un tiempo y esperas que creí no terminarían nunca, pero sin embargo logré llegar a este preciso lugar en el tiempo y en el espacio en que me encuentro hoy, donde esas experiencias se mezclan sutilmente con sueños largamente acariciados y cumplidos, con llegadas a lugares donde nunca me imaginé estar y con muchos regalos y bendiciones inesperadas ¿Cómo fue posible?
Algo se revela en mi corazón, una intuición imposible de reprimir, para mí la única explicación posible es Dios, al observar la forma en la que los acontecimientos y experiencias se entretejieron entre sí, algo me dice que no puede ser azar ni casualidad y mi primer impulso es dar gracias desde lo profundo de mi corazón.
Agradezco a Dios en primer lugar por llamarme a la vida desde y para el amor, a imagen y semejanza suya, libre, digna y valiosa, con un propósito que va más allá de mí misma para encontrarse con el de los demás.
Gracias Dios mío por estar a mi lado siempre, por llevarme en brazos cuando no he podido más, por buscarme, encontrarme y traerme de vuelta cuando me he perdido, por quitar los obstáculos de mi camino, por hacer caminos donde no los había, por mostrármelos cuando no podía verlos y por advertirme cuando me encaminaba al vacío.
Gracias también por respetar mi libertad, por jamás obligarme a nada, por esperarme, por tenerme paciencia y por cuidarme siempre, incluso de mi misma y gracias por darme lo que he necesitado a cada momento para responder a la vida y hacer lo que a mí me tocaba hacer.
Hoy agradezco también a cada ser humano que me ha acompañado a lo largo del camino y me agradezco a mí misma por no rendirme, por resistir, por continuar.
Doy gracias por cada sueño cumplido, cada meta alcanzada, cada logro, cada regalo inesperado que llegó solamente a embellecer mi vida, a veces, aunque fuera por solo un momento; agradezco las risas, la diversión, el descanso, pero agradezco también las lágrimas que encontraron consuelo, los miedos que dieron lugar al coraje y las caídas que me hicieron descubrir la fuerza que Dios ha puesto en mí. Agradezco los desengaños y las desilusiones que me hicieron buscar cosas nuevas e incluso los errores que me hicieron aprender.
¿Ha sido fácil? No, la verdad es que ha sido mucho más difícil de lo que pensé, muchas cosas que tuve que vivir no me gustaron, hubo momentos en los que rechacé mi realidad con rebeldía y enojo, en los que la incomodidad y el dolor me doblaron, no se trata de negarlo ni de romantizarlo, no agradezco esos acontecimientos, lo que agradezco es lo que Dios pudo hacer en mí a partir de esas experiencias que me hicieron crecer y madurar.
Hoy me doy cuenta de que la vida es eso, una hermosa, aunque a veces dolorosa mezcla de luces y sombras, somos seres imperfectos viviendo en un mundo limitado y finito, pero de la mano de un Dios perfecto que puede hacer maravillas con todo lo que nos pasa, si le damos permiso y para eso hace falta continuar con el siguiente paso ACEPTAR.





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