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Recibir

Mirar, agradecer, aceptar y soltar fue lo que me llevó a romper las cadenas de mi pasado, a solar los lastres que me imponía y a hacer espacio para recibir los regalos que Dios me dio y me sigue dando a partir de cada experiencia de vida. De hecho, mi reflexión comenzó al darme cuenta de que esos regalos existían, pero que yo no era capaz de recibirlos, apreciarlos y aprovecharlos para mi bien.

A mí me gusta ver estos regalos como si fueran semillas que brotan, casi siempre sin darme cuenta, de cada situación vivida. Cierro los ojos para mirar dentro de mí con mayor claridad y me doy cuenta de la cantidad de semillas que se van acumulando conforme avanzo en el camino, son las semillas de los aprendizajes, del crecimiento, de las fortalezas que van llegando a mí.

Por primera vez las miro de verdad y me doy cuenta de que son muchas más de las que pensaba, las hay de todas formas, tamaños y colores, pero todas son hermosas, algunas, extrañamente bellas; recuerdo algunas llegaron a mí después de mucho dolor, miedo, esfuerzo, otras lo hicieron desde vivencias de amor, alegría y logro, y otras tantas ni siquiera se bien de donde salieron, pero todas son mías, únicas y perfectas para mí, todas dan luz y todas están llamadas a dar vida.

Las tomo en mis manos, las llevo a mi corazón y me percató que no pueden cobrar vida verdadera sin Dios, así que se las entrego pidiéndole las haga germinar, sin embargo, tomo conciencia de que no se mantendrán vivas sin mí, así que asumo la responsabilidad y me comprometo a mantener vivos esos retoños, a hacerlos crecer, pero sobre todo a utilizar sus flores, sus frutos, sus hojas para mi bien y para el de los demás.

Me gusta sentir que esas semillas han dado origen a un hermoso jardín que vive y florece dentro de mí, y que justo ahí hay todo lo que me hace me falta hoy para responder a los retos y desafíos que la vida me presenta, pero también para ser feliz, hoy en este preciso momento de mi existencia.

Cuando dudo de mí, cuando la insuficiencia o el miedo me atacan, me gusta viajar a ese jardín, por la gracia de Dios, ahí hay de todo: pasto suave en el que me recuesto para descansar, grandes árboles que me dan sombra, flores hermosas que embellecen el paisaje y plantas aromáticas, que endulzan el ambiente, pero también hay plantas medicinales para sanarme, hortalizas y árboles frutales para alimentarme ¡lo que necesito hoy está ahí! Pero ¿sabes que es lo más hermoso de ese jardín? ¡Que todo lo que hay ahí lo puedo compartir contigo y con los demás! Mi jardín no está aislado, el polen vuela de un jardín a otro, los aromas se entremezclan y es en la profundidad del espíritu donde todos estamos unidos sin darnos cuenta.

Regresando de este viaje imaginario, lo que importa es tomar conciencia de que el camino recorrido no ha sido en vano y todo toma sentido, sabiendo que cada experiencia vivida deja algo bueno en mí, que como dice San Pablo en la Carta a los Romanos “Dios dispone todas las cosas para el bien de los que lo aman.” (Rm 8,28) En resumen, desde mi experiencia personal, puedo decir que la forma en la que yo permito que Dios disponga todo para mi bien es mirando, agradeciendo, aceptando, soltando y recibiendo a diario.

Este es un trabajo personal que no tiene una intención egoísta, al revés, dejar que Dios actúe en mí, liberándome de lo que me amarra el corazón, es que ha logrado mover mi mirada de mí misma a los demás, nadie puede dar lo que no tiene, es dejando florecer mi jardín interior que ahora tengo mucho más para dar a los demás.

Después de todo este proceso de reflexión, he llegado a la conclusión de que lo importante es vivir en el aquí y el ahora, hacer las paces con el pasado me ha permitido liberarme de él como una carga para honrarlo hoy y usarlo como inspiración.

Ahora intento a diario mirar con amor la vida que Dios me da a cada momento, agradecerla tal cual es, aceptar lo que soy y lo que no, lo que tengo y lo que me falta y soltar todo lo que me impide recibir mi presente como lo que es, un perfecto y maravilloso regalo a pesar de todo lo que pueda estar ocurriendo, para lograr abrazar la vida. Se que las circunstancias lo hacen difícil más veces de las que quisiéramos, pero ejercitando el espíritu podemos encaminarnos a decir “si a la vida, a pesar de todo” tal como decía Viktor Frankl.

Inesperadamente acomodar mi visión del pasado me empujó a trabajar con otro tema agobiante: EL FUTURO

 

 

 

 

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