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Bienaventurados los que lloran

Es sorprendente la forma en que Dios actúa en nuestras vidas sin que nos demos cuenta. El día más triste y terrible de mi vida fue el día en que Carlos mi amado esposo, compañero de mi vida por 25 años, dejó este mundo para volver a la casa del Padre y sin embargo puedo también decir que ese mismo día ha sido el que más fuerza he sentido.

Me recuerdo totalmente consciente de lo que pasaba a mi alrededor, es como si mis ojos estuvieran más abiertos que de costumbre y mi mente mucho más despierta, pero mi corazón anestesiado. Me recuerdo sentada en la banca de la Iglesia con mi hija destrozada a mi lado y yo con una fuerza en el alma que no había sentido nunca; el padre al terminar la misa se me acercó y me dijo al oído “¡Qué fortaleza!”

Al paso del tiempo lo he reflexionado una y otra vez y tengo la certeza de que no era mi fortaleza, era simplemente Jesús sosteniéndome y demostrándome que estaba conmigo. Estoy segura de que un psicólogo o psiquiatra tendrá alguna explicación científica, algunos dirán que fue la adrenalina, el estado de shock o cualquier cosa parecida y no lo dudo, pero yo en mi corazón SE que fue Dios y mi madre María que jamás me han dejado de su mano. Fue una gracia que Dios me regaló; por un lado la fuerza para que fuera capaz de seguir adelante y sostener a mis hijos y la claridad para que pudiera apreciar todo el amor que se derramaba a mi alrededor. A diferencia de lo que les pasa a muchas personas, el funeral no es para mí un mal recuerdo porque lo que viene a mi mente y sobre todo a mi corazón es solo cariño de mucha gente que estuvo a nuestro lado demostrándonos su amor, su cariño y su apoyo y de mucha gente recordando a Carlos como el Gran hombre que fue. Dios quiso que recordara eso para siempre.

De cualquier manera el camino no fue fácil. Tuve días interminables de una pena y un dolor profundo que partió mi corazón. ¡Nunca pensé que se podía llorar tanto! Hubo días en los que simplemente no lloraba porque estaba cansada de llorar. Puedo decir también que por primera vez en mi vida dejé de temer mi propia muerte y pude entender a la gente que pierde las ganas de vivir. Así es el dolor, nos rompe por completo, sin embargo puedo decir también que cada una de esas lágrimas fue enjugada por Jesús, no hubo momento de tristeza donde María no haya estado a mi lado abrazándome y sosteniéndome. Cada una de esas veces encontré la manera de levantarme, sonreír y seguir adelante, aún sin saber lo que deparaba el futuro.

Poco a poco, lentamente el Señor me ayudó a salir adelante, sin embargo por un buen rato tuve la convicción de que nunca volvería a ser tan plenamente feliz como antes, pensaba que simplemente encontraría la manera de seguir y estar en paz con mi dolor a cuestas, pero no contaba con que el amor de Dios es mucho más grande de lo que pensaba.

Bienaventurados los que lloran porque ellos serán consolados”, no tenía yo idea del significado tan profundo y bello de esas palabras, porque simplemente un día me levanté y me di que cuenta que era feliz de nuevo, que tenía una paz que no había experimentado antes y unas ganas de vivir mucho más intensas y mucho más conscientes. Cada lágrima derramada y secada por Jesús fue un pequeño paso a la consolación completa.

¡Nada más grande que experimentar el consuelo divino! Hoy corren ríos de consolación por mis venas y un nuevo amor a la vida ha surgido del dolor más profundo. Solo Dios puede concedernos esta gracia y lo único que hace falta es dejarse amar por Él, renunciar a luchar con nuestras fuerzas para dejar que Él actúe en nosotros y para que Él obre lo que para nosotros no es posible.

El dolor por la separación física de Carlos siempre vivirá en mi corazón pero hoy se ha acomodado en un lugar sagrado y bello donde no me impide ser feliz. Ese dolor es parte de la persona que soy ahora y me permite apreciar y agradecer lo hermosa feliz y plena que fue mi vida con Carlos pero a la vez abrazar con ilusión una nueva vida que se abre ante mi llena de amor e ilusiones renovadas. Hoy aprecio mucho más cada momento y cada detalle.

Esto es simplemente un mensaje de esperanza para los que hoy sufren “Bienaventurados los que lloran...



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