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Carga tu cruz

“Luego Jesús dijo a sus discípulos: << Si alguno quiere venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue su cruz y me siga. Porque el que quiera salvar su vida la perderá, pero el que pierda su vida por mí la encontrará.>>”. Mt 16 24-25

Y ahí estás tú de pie frente a la cruz tirada a tus pies ¿de dónde salió? No esperabas encontrarla en tu camino, confiabas en que podrías librarte de ella pero no fue así, hoy simplemente está ahí estorbándote e impidiéndote continuar. Tu primer instinto es mirar hacia otro lado o cerrar los ojos, tal vez tu vista te engaña y cuando vuelvas a mirar se habrá ido, pero cuando abres los ojos sigue ahí, el temor te invade, piensas en huir pero no hay salida, entones reclamas, lloras, te quejas, seguro hubo un error ¿por qué a mi? preguntas, pero nadie responde, la desolación invade tu alma.

Entonces escuchas esa voz que te dice: “¡Cárgala…!” Parece totalmente absurdo ¿cómo podrías cargarla? Se ve terriblemente pesada, además es horrible, es sucia y tú no tienes tiempo para eso, tienes tantas cosas que hacer, así que suplicas “¡Llévatela, quítamela!” Pero la voz repite “¡Cárgala…!”

Ante las cruces que se presentan inevitablemente en la vida la respuesta de Dios es justo esa “¡Cárgala…!”, renuncia al camino que pensabas seguir y carga tu cruz. Normalmente tomamos esas palabras de Jesús como una condena, como un castigo, como la prueba de que Dios no quiere vernos felices, pero es justo lo contrario y para entenderlo lo primero que debes saber es que la cruz no te la manda Dios, la cruz viene del mundo finito, limitado e imperfecto en que vivimos.

Jesús lloró justo antes de tomar su cruz, él como tú, tampoco quería sufrir, no es humano querer sufrir ¿acaso Jesús se creó una cruz para sí mismo? ¿él se condenó a muerte y se impuso los dolores que tuvo que pasar? ¡Culpamos a Dios de la cruz cuando en realidad la cruz viene del mundo! La cruz es parte de la vida y Dios no te la evita, porque si lo hiciera, te estaría quitando también la posibilidad de vivir una vida con sentido, porque es la cruz la que te permite conocerte de verdad, descubrir tu fuerza y tus más bellas cualidades.

La cruz está frente a ti estorbando tu camino, así que sólo tienes dos opciones: o te quedas lamentándote delante de ella o escuchas a Dios que te dice: “mírala, no la rechaces, nada hay que puedas hacer para evitarla ¿qué haces ahí parado frente a ella? Agáchate a su lado conócela, tócala, abrázala y cárgala, muévela, no permitas que te detenga. La cruz tirada frente a ti es el obstáculo que te pone el mundo”, Jesús te dice “esa cruz no te determina, tómala sobre tus hombros y avanza, sólo así verás que hay un camino para ti”.

Las palabras de Jesús no son una condena, son palabras de esperanza. Dios estuvo al lado de Jesús en Getsemaní igual que está hoy a tu lado llorando contigo tu dolor. Ese día Jesús aceptó la voluntad de Dios: cargar su cruz para enseñarte a cargar la tuya y evitar que te destruya. A cambio de esa consecuencia que la libertad del amor nos impone, Dios nos promete acompañarnos siempre, ayudarnos a llevarla, para que encontremos a partir de ella el sentido más profundo de nuestra vida, porque la finalidad de la cruz no es la muerte.

Renunciar a ti mismo es soltar todo lo que no es como tú quieres, dejar atrás lo que terminó, dejar de temer lo que vendrá, reconocerte limitado y finito, transformar tu soberbia en humildad. Cargar con tu cruz es aceptar la realidad que no puedes cambiar, dejar de pelear con ella; seguir a Jesús es escuchar su palabra, confiar ciegamente en él y avanzar por encima del miedo dando lo mejor de ti aunque no entiendas nada. A cambio Dios te promete que encontrarás la vida, la que él planeó especialmente para ti. Aunque te cueste creerlo esa vida que Dios tiene para ti es mucho mejor que la que tú habías soñado.

Dios te creó desde el amor para la vida, tu corazón anhela desesperadamente encontrarla, sólo hay una forma, no lo dudes más, no escuches al miedo y carga tu cruz. Dios te mostrará el camino, seguro no es el que pensabas seguir porque muy probablemente ese camino no sea adecuado para llevar tu cruz, pero verás que contrario a lo que imaginas él se encargará de llenarlo de regalos inesperados y maravillosos. Te sorprenderás cuando te des cuenta de que sin la cruz jamás habrías tomado ese camino y sin embargo será perfecto para ti, justo el que te llevará al destino correcto. Ese día agradecerás el destino alcanzado, agradecerás el camino y aunque no lo creas agradecerás tu cruz.



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1 Comment


Muy hermoso Celina, tu escrito muestra lo que nos podemos encontrar en nuestro caminar por la vida y a veces pensamos por qué a mi, y yo me he preguntado,y por qué no? Pienso que Dios nos dá la Cruz con el peso exacto que podemos cargar, sólo tenemos que decir si , si puedo, y de la mano de él y de la Virgen su madre se siente la ligereza del peso y hasta podemos disfrutar el camino con ella, es nuestra oportunidad de ver durante ese recorrido , cosas bellas inimaginables que si no lo hubiéramos escogido nos hubiésemos perdido de lo maravillosa que es la vida y de las sorpresas que nos va regalando en el camino…

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