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Cinco panes y dos pescados

Nunca como ahora hemos estado tan unidos en el dolor. No hay un solo corazón que para este momento no haya sido tocado por el miedo, la incertidumbre y la angustia, la pérdida se ha convertido en algo de todos los días; en el mejor de los casos será tan solo la cancelación de un plan pero en muchos más será ver sufrir a alguien cercano o decir adiós a un ser querido.

Ante tan desolador panorama de nada sirve encerrarnos en nosotros mismos y tratar de huir, de nada sirve hacer de cuenta que nada pasa. Físicamente no tenemos más remedio que encerrarnos pero tenemos que abrir nuestro corazón como nunca antes, abrirlo a los demás y abrirlo a Dios porque es el único que puede ayudarnos en estos momentos.

Podemos pensar que ante un mal tan grande lo que cada uno podemos hacer es muy poco pero para Dios no existe lo poco ni lo pequeño:

“Al atardecer, los discípulos se acercaron a Jesús y le dijeron: ‘Este es un lugar deshabitado y ya se ha hecho tarde. Despide a la gente para que vaya a las aldeas y compre su propio alimento’. Pero Jesús les dijo: ‘

No necesitan ir, ,¡denles ustedes de comer!’. Ellos le contestaron: ‘Solo tenemos cinco panes y dos pescados’. Él les ordenó: ‘¡Tráiganlos aquí!’. Y después de mandar que la gente se recostara sobre el pasto, Jesús tomó los cinco panes y los dos pescados, levantó la vista al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y los dio a los discípulos, y estos a la gente. Todos comieron hasta saciarse…” Mt 14, 15-20

¿Cuáles son tus cinco panes y dos pescados? Hoy Jesús te dice a ti: “¡Dales tú de comer!” Todos tenemos algo que dar, muchos preguntan “¿Dónde está Dios en estos momentos?” La respuesta es que está en ti esperando que te decidas a entregarle tus cinco panes y dos pescados, para multiplicarlos y saciar los corazones necesitados. Él no se fija si es poco o mucho a los ojos del mundo, no es importante, lo único que necesita es que libremente le entregues tu TODO para convertirlo en algo maravilloso que alcanza para los demás y para ti.

¡No tengas miedo de entregarle tu todo a Jesús! Eso lejos de dejarte sin nada saciará tu alma y tu corazón. En estos momentos todo lo material no alcanza ni sirve para mucho, planes cancelados, proyectos aplazados, corazones destrozados, pero a pesar de la distancia nos tenemos unos a otros ¡no hay manera en la que vayamos a poder superar esto si no es unidos y de la mano de Dios!

No olvidemos nunca que Dios no quiere nuestro sufrimiento y no nos lo manda. No nos prometió que sería fácil, como no fue fácil para El entregar su vida por nosotros, pero si nos prometió estar con nosotros hasta el final y ayudarnos a cruzar cada camino que nos toque recorrer sin importar que tan oscuro o escabroso parezca. Dejémonos consolar por Dios, dejémonos abrazar por El abrazándonos unos a otros de corazón a corazón, no estamos solos.

El se compadece de cada uno de nuestros adoloridos corazones y no se queda ajeno a nuestros dolores, dejémonos llevar en sus brazos y esperemos su consuelo que seguramente llegará de aquel que estuvo dispuesto a entregar sus cinco panes y sus dos pescados para el bien de los demás.



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