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Dolor y consuelo

Muerte, enfermedad, soledad, sueños truncados, esperanzas perdidas, vidas destrozadas últimamente escuchamos mucho de eso todos los días, parece que de un tiempo para acá las buenas noticias se encuentran suspendidas. Todos los días amanecemos con la esperanza de que algo bueno pase, pero llegamos a la noche y todo parece estar igual o incluso peor.

El dolor nos cerca, nos amenaza por todos lados y nos sentimos a ratos atrapados, amenazados pensando si lograremos pasarlo de largo o si irremediablemente nos alcanzará. La dura realidad es que el dolor es parte de la vida, pero hace mucho tiempo que la humanidad no vivía una situación en la que nos tocara vivirlo a todos de una forma u otra y en una circunstancia tan adversa que lo hace aún más difícil de vivir y enfrentar. El dolor cuando llega te golpea, te parte, te derrumba, a veces incluso te destruye y llegas a pensar que nunca podrás salir adelante.

Lo importante de todo esto es que a pesar de lo que podríamos pensar sí hay una buena noticia, que es realidad, que es verdad, que ocurre todos los días y que es la mejor noticia de todas: Dios nos ama y está a nuestro lado siempre.

Si tú estás viviendo ahora uno de esos dolores que te parten el corazón y te destruyen la vida, o si incluso crees que tu dolor no es tan grande como el de otros o que no debieras estar sufriendo, no importa porque la buena noticia es para todos, no hay dolor tan grande que Jesús no pueda sanar ni tan pequeño que pueda ignorar, Él conoce lo más profundo de tú corazón y ahí en ese lugar sufre contigo, llora contigo, se aflige contigo y espera contigo. Jamás pienses que Él te envió el sufrimiento ni que lo escogió para ti; si bien es verdad que la única forma de superar el dolor es sintiéndolo, viviéndolo, enfrentándolo no estás solo en ese camino, Jesús camina a tu lado aún cuando la pena es tan grande que no te permite verlo.

Jesús camina con nosotros en cada momento, Él mismo vivió el dolor en carne propia por la simple razón de que nos ama, tanto como para dar la vida por nosotros; Él quiere que lo sepamos, que no lo olvidemos, que lo sintamos cercano y presente, que hagamos un esfuerzo por escucharlo porque no quiere que recorramos solos este camino tan difícil. Él no sólo nos habla ¡nos grita! sólo que a veces no sabemos escucharlo. Lo único que hace falta es que lo deseemos con todo el corazón y le demos permiso para que Él encuentre la manera de mostrárnoslo, porque cuando nosotros damos un solo paso hacia Él, Él da varios hacia nosotros, sale a nuestro encuentro y siempre nos sorprende.

Hoy más que nunca nos toca a todos dejarnos usar por Dios para acudir al consuelo de los que más sufren, somos el arma más poderosa que Él tiene para llegar a los demás y lo más bello de todo es que haciéndolo encontramos nuestro propio consuelo. Carguemos todos juntos esta cruz y vivamos unidos la buena noticia de la alegría de Jesús en nuestra vida todos los días




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