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El amor

Hace tiempo leía en un periódico que hay un grupo de personas que opinan que el mundo estaría mejor sin humanos ya que nosotros lo estamos destruyendo lentamente y generamos las desgracias que lo aquejan. Esto es verdad y puede que sea cierto que sin personas este fuera un mundo mucho más tranquilo, pacífico, sin guerra, sin sufrimiento pero también sería un mundo sin lo más bello y grande que existe, sería un mundo sin amor. Porque contrariamente a lo que muchos pueden pensar, los animales, por hermosos que sean, no aman, dan cariño, compañía, consuelo pero no amor. El hombre es el único ser sobre la tierra capaz de amar.

Solo el amor verdadero da sentido y felicidad a la vida, pero ¿qué es el amor en realidad? El amor que realmente nos da sentido y felicidad es entrega, es olvidarnos de nosotros mismos para pensar en el otro, es salir del yo para llegar al tú. Es un continuo caminar al encuentro de los demás.

El amor no es fácil, implica esfuerzo, sacrificio, trabajo duro e incluso lágrimas y todo esto lo rechaza el mundo en el que vivimos donde buscamos solo lo fácil, lo que nos evita las complicaciones. ¡Cuánto nos miente el mundo! son esas “complicaciones” las que finalmente nos dan la felicidad verdadera y permanente, la que no se acaba después de una noche de fiesta, al regresar de un viaje o al terminar una tarde de compras, la que se queda para siempre en nuestro corazón.

Que no nos asuste pensar que el amor es difícil, porque una vez en el camino, no resulta tan complicado como parece si vamos de la mano de Dios, de Jesús, aquel que tuvo el mayor amor: entregar la vida por sus amigos. Porque es entregándonos cuando más recibimos, es sirviendo a los demás cuando más crecemos. Dice una canción “si conocieras cuanto te amo dejarías de mendigar cualquier amor”. Lo curioso es que abriéndonos al amor incondicional de Dios empezamos a encontrarlo en nuestros hermanos a cada paso y nos damos cuenta de lo bello que hay en cada persona.

Yo estoy profundamente enamorada de Jesús y eso me ha llevado a enamorarme profundamente de su más maravillosa creación: el ser humano. En una sociedad que defiende más a los animales y a las plantas que a las personas eso es poco popular. En una sociedad donde hay quien incluso piensa que el mundo sería mejor si seres humanos y que Dios sólo está para juzgarnos y mandarnos desgracias ¿cómo no sentirse despreciado? ¿cómo no sentirse poco valioso y miserable? Pero esto no es así, Jesús dio la vida por ti porque vales la pena y eres digno del amor más grande que puede existir, el amor de Dios.

No nos cerremos nunca al amor, Dios nunca se cansa de dar no nos cansemos nosotros de recibir, porque Él no mandó a su hijo al mundo para juzgarnos, lo mandó para salvarnos y para amarnos incondicionalmente.

Si prestas un poco de atención te darás cuenta de que todos los días hay alguien que te lo demostrará con una sonrisa, un pequeño favor, una palabra dulce, abramos los ojos a los más insignificantes detalles y empezaremos a encontrar el amor en TODO y en TODOS.

Así que aunque el hombre sea capaz de lo peor, también es capaz de lo mejor y más sublime, no renunciemos a eso y mejor luchemos todos los días por ser mejores, por convertirnos en la mejor versión de nosotros mismos y por abrirnos a los demás; hay mucho por recibir, por descubrir si tan sólo nos damos la oportunidad de dejar de ver el mundo desde nuestros ojos para empezar a verlo desde los ojos del otro.



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