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El Espíritu de Dios

“Dentro de poco ya no me verán, y un poco después me volverán a ver.” Jn 16,16

“Ahora me voy al que me envió y ninguno me pregunta ¿A dónde vas? ... Les conviene que yo me vaya, porque si no me voy, el Consolador no vendrá a ustedes…Tengo muchas cosas que decirles, pero ahora no pueden comprenderlas. Pero cuando venga él, el Espíritu de la verdad. Los llevará a toda la verdad.” Jn 16,5-13.

Así se despide Jesús de sus discípulos antes de morir, después de haber experimentado la grandeza de su amor y de haber recorrido tantos caminos a su lado, se va y se sienten solos y confundidos, sin saber qué hacer, que creer, hacia donde ir. Todo parecía maravilloso a su lado, con él no había nada que temer, parecía que todo estaba resuelto, pero de pronto todo cambia y se enfrentan al vacío, al miedo y a la soledad más profunda, parecía que todo había terminado, sin embargo Jesús regresa para demostrarles que todo lo que les dijo era cierto, qué él ha vencido a la muerte y nos ha conseguido a todos la oportunidad de salvarnos.

Pareciera que ese es el final feliz de la historia, pero no es así porque Jesús aparentemente no se queda, se vuelve a ir y esta vez no lo veremos más ¿Por qué se va? ¿Por qué si ha logrado la victoria no se queda a compartirla con los que le aman?

Jesús es hombre verdadero, pleno y completo ¿Por qué siendo Dios se hace hombre? Porque era necesario que nos enseñara como recorrer el camino de regreso a casa.

Él compartiendo nuestra naturaleza humana, comprendiéndonos plenamente, viene a demostrarnos como enfrentar la vida y nos muestra el camino de la salvación, pero él no puede caminarlo por nosotros, porque es un camino personal, individual que nadie más puede vivir en lugar nuestro, por eso Jesús en realidad no se va, sólo se hace invisible a nuestros ojos para que su aparente ausencia nos mueva a buscarlo hasta encontrarlo, el promete enviarnos su propio Espíritu, porque sólo desde dentro de nosotros podrá ayudarnos a vivir de verdad y a ser realmente felices.

La venida del Espíritu Santo no es el final, es en realidad el comienzo de la historia de amor más maravillosa que existe, la historia de todos lo que amando a Jesús decidimos seguirlo a pesar de todo. Es el Espíritu de Dios que vive en nosotros, que nos invade, que nos inunda y circunda lo que nos permite vivir en plenitud.

Dice una oración: “Ven Espíritu Santo llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor, envía Señor tu Espíritu y todo será creado y se renovará la faz de la tierra.”

Muchas veces me cuestioné que querrían decir estas palabras, ahora me parece que lo que quiere decir la oración es que sólo al dejar actuar al Espíritu en nosotros podemos ver el mundo desde los ojos de Dios y experimentarlo en plenitud como él lo creó.

El libro de los Hechos de los Apóstoles nos narra cómo al enviar Dios al Espíritu Santo lenguas de fuego se posaron sobre los discípulos y ellos empezaron a hablar en diferentes idiomas.

¿Has visto caer sobre tu cabeza alguna lengua de fuego? Seguramente no, pero el Espíritu habita en ti aunque no seas consciente, si buscas en tu interior con cuidado te darás cuenta de que hay una fuerza que te impulsa a vivir, una fuerza que a veces se esconde o que a veces reprimes, una voz que resuena en tu corazón, una inquietud que te despierta y te invita a moverte, solo que muchas veces el mundo te enseña a ignorar esa fuerza y buscar fuera lo que desde siempre vive en ti. Esa fuerza es Dios porque eres esencia misma de Dios y tu corazón no descansará hasta encontrarlo.

¿Puedes hablar de la noche a la mañana en inglés, alemán o en algún otro idioma que no has aprendido nunca? ¡No! Pero ese fuego dentro de ti te puede ayudar a contactar con alguien más de modo que entiendas lo que vive y lo que siente más allá de las palabras.

¿Puedes curar el cáncer o cualquier otra enfermedad con sólo desearlo? ¡No! Pero ese fuego dentro de ti te puede permitir tener la comprensión y empatía que te convierta en la medicina que ayude a sanar un corazón roto, que inspire a alguien a recuperar la esperanza y las ganas de vivir o a encontrar el sentido de su vida.

¿Puedes comprender un problema de física o de cualquier otra ciencia si no has estudiado la materia? ¡No! Pero dejando actuar al Espíritu de Dios en ti puedes entender y ver la vida desde los ojos de Dios y no desde los engaños del mundo que busca robarte la paz y la felicidad verdadera.

El Espíritu te lleva a encontrar a Dios en el lugar donde ha estado siempre: dentro de ti y dentro de los demás, te permite darte cuenta de que todos estamos conectados en lo profundo y de que no es tan difícil como parece el comprendernos, acompañarnos y ayudarnos, pero Dios no te obliga a nada, el Espíritu de Dios vive en tu alma, pero tienes que decidir aceptar su acción en ti, para dejarte amar, guiar, inspirar, consolar, para tener la fuerza que necesitas para enfrentar la vida, para encontrar el camino correcto.

Jesús nos muestra el camino, pero es el Espíritu dentro de nosotros el que nos permite recorrerlo, el que nos fortalece, nos inspira y nos ayuda a comprender la vida, fue hasta que recibieron el Espíritu que los apóstoles lograron emprender el camino y completarlo hasta el final ¿quieres tú encontrar el camino correcto y tener la fuerza y la voluntad para recorrerlo? ¿necesitas levantarte de un fracaso? ¿deseas dejar de sufrir y encontrar el sentido de tu vida? Déjate llevar por el Espíritu de Dios, permítele actuar en ti y podrás llegar a lugares que jamás has imaginado, porque a su lado nada es imposible.



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