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El Miedo

Es una realidad que en estos días la mayoría de nosotros nos hemos encontrado más de una vez asustados, angustiados y perdidos. La incertidumbre y el miedo se apoderan de nosotros y sentimos que no podemos hacer nada por controlarlo. La desolación nos ataca cuando nos enteramos de tantas tragedias y sufrimiento a nuestro alrededor.

Pero ¿qué es realmente lo que nos asusta? ¿la muerte? ¿la enfermedad? ¿perder lo que amamos, lo que tenemos? Todos tememos esas cosas en algún momento de la vida pero en estas circunstancias la muerte, el dolor, la pérdida se han convertido en una realidad posible para todos, sabemos que no hay edad, posición económica o social que nos asegure que no nos va a tocar a nosotros. Algo que nadie hubiera creído posible ha pasado y es verdad.

Algunos podrían creer que todo esto es un castigo divino o qué un Dios enojado o tal vez aburrido se olvidó de sus hijos o peor aún nos mandó la desgracia, pero no hay nada más falso que eso porque “No hay un solo dolor de la humanidad que a Dios no le duela” (Pbro. Juan Jaime Escobar) Dios no nos manda las desgracias, no nos escoge para sufrir, Dios nos ha creado para amar y nos ama con locura, es nuestro padre y un padre no desea el mal para sus hijos. Hoy más que nunca Jesús nos dice como a los apóstoles en medio de la tormenta “¿Por qué tienen miedo?” (Mc 4,40) y nos insiste “no tengan miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma” (Mt 10,28). Tememos la enfermedad del cuerpo cuando lo que en realidad nos mata es la enfermedad del alma.

Ámate a ti mismo como Él te ama, no busques fuera porque las respuestas y el consuelo están dentro de ti, la respuesta es Dios, Él te habla desde tu corazón, dejar de escucharlo, dejar de sentirlo es dejar de vivir porque la soledad más grande es no dejarte amar.

Muchas veces en mi vida me he sentido desfallecer por el miedo y el dolor, pero Jesús jamás se ha alejado aunque a ratos me cueste trabajo verlo. Cuando peor me he sentido Él dulcemente me ha tomado de la mano y de una forma u otra me ha hecho saber que todo va a estar bien y siempre ha sido verdad. Lo hermoso de caer es dejarse levantar por Él.

Sin embargo, a pesar de eso no siempre es fácil sentirlo así, a veces realmente parece que nos pide lo imposible. Hace poco más de tres años me pidió lo imposible: levantarme, seguir viviendo y ser feliz habiendo perdido lo que más amaba. El tiempo me ha dicho que efectivamente era imposible para mí, pero no para Él porque cuando dejamos que Dios actúe en nosotros Él obra maravillas y gracias a eso hoy vivo intensamente, sueño nuevamente, mi corazón late como nunca, soy feliz y ya no tengo miedo. Caminemos juntos, cuidándonos unos a otros y ayudándonos a lograr lo imposible.

“No tengáis miedo abrid las puertas a Cristo, Dios actúa en los acontecimientos concretos y personales de cada uno de nosotros. No permitáis que el tiempo con que el Señor nos obsequia transcurra como si todo fuera casualidad.” San Juan Pablo II



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