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La Mirada de Dios

Es hermoso ver como una mamá mira a su bebé recién nacido cuando lo acaba de conocer, simplemente no puede quitarle la mirada de encima; los enamorados cuando recién descubren su amor simplemente no pueden dejar de mirarse y cuando el amor es sincero esa mirada penetra más allá de la superficie para llegar a lo profundo. ¡Es increíble cuando alguien te mira y ve cosas que ni tú mismo habías descubierto! La mirada es simplemente uno de los primeros caminos del amor.

Es triste por eso ver cómo dejamos que los demás nos vean con desprecio y mucho más triste darnos cuenta de que muchas veces somos nosotros mismos los que nos miramos con decepción, con lástima, con vergüenza, con enojo; nos vemos feos y desagradables. Es sobre todo cuando los momentos difíciles y el sufrimiento llegan o cuando las cosas no salen como esperamos que nos miramos de esa manera pensando que somos poca cosa, que lo que nos pasa es consecuencia de nuestra miseria o que no merecemos nada más. El dolor nos desfigura y no permite que nos veamos como realmente somos.

Es entonces cuando debemos detenernos y dejarnos mirar por el único que puede vernos tal como somos porque somos creación suya, cuando debemos dejarnos mirar por Dios porque la mirada de Dios es la mirada misma del amor. Él nos creó a todos y cada uno de nosotros como una hermosa obra de arte pensada y cuidada hasta en el más mínimo detalle, sólo él conoce cada detalle de su obra y sabe que es perfecta, incluso en esos detalles cuidadosamente planeados van nuestras debilidades, nuestros defectos, nuestras fallas, nuestras penas. Es él quien nos soñó desde el principio con una ilusión desmedida y nos soltó con la esperanza de que regresáramos a él habiendo alcanzado ese sueño.

Tontamente en muchas ocasiones nos escondemos de la mirada de Dios pensando que él nos mirará de la misma forma, suponiendo que si nos ve nos juzgará y se desilusionará de nosotros y en vez de alcanzar su misericordia lograremos decepcionarlo también. Otras muchas veces nos escondemos de él pensando que si recuerda que existimos tal vez nos mande una prueba o nos exija cosas que no nos sentimos capaces de dar.

¡No huyas, déjate mirar por Dios! Deja que su mirada te recorra y te traspase para que te des cuenta de quién eres en realidad, para que descubras la maravillosa obra de arte que eres aún en medio del dolor. Dios te mira con ternura y su mirada te acaricia el alma, te fortalece, te embellece; el jamás te juzga, cada error que has cometido, cada debilidad que te ha vencido, cada pena que has vivido, él las tenía ya en cuenta y te ha dado justo lo que necesitas para superarlas, porque incluso esas caídas son necesarias para alcanzar el sueño que él tiene para ti. Sólo dejándote mirar por él lograrás que actúe en ti y te transforme el corazón, porque en ese momento en que tu mirada se encuentre con la suya empezarás a vivir de verdad.

Dice una canción “Si conocieras como te sueño buscarías lo que he pensado para ti…” (Hermana Glenda), si conocieras como te sueña entenderías de qué manera cada alegría, cada dolor, cada triunfo, cada caída encajan como en un rompecabezas hermoso y perfecto para lograr ese sueño que te hará totalmente feliz.

No hay manera de que conozcas ahora el sueño de Dios para ti, pero desde la cruz y en la alegría de la resurrección Jesús te dice: “CONFÍA, NO TEMAS porque mi sueño para ti es perfecto en paz, felicidad y plenitud, sé que es difícil, sé que a veces crees que no podrás pero tan sólo mírame y déjame mirarte, yo voy contigo.”



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