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La Oruga y la Mariposa

Mi esposo murió el 2 de febrero de 2017, hoy más de 5 años después me doy cuenta de que no soy la misma persona que se levantó por la mañana ese día sin saber que esa fecha marcaría el final de una vida pero que tampoco sabía que marcaría el inicio de una nueva, no soy y nunca volveré a ser la misma.

En mi experiencia el camino del duelo es como su nombre lo dice, una batalla cuerpo a cuerpo con la vida, un camino oscuro, difícil y solitario; hoy, después de todo lo que ha pasado, podría pensar que esa batalla la gané yo, pero no es así en realidad ¡ganó la vida! Cuando logramos vivir esa batalla de la mano de Dios, cuando nos aferramos al amor en medio de la oscuridad esa batalla siempre la gana la vida.

Muchas veces he visto que la muerte se compara con la transformación que vive la oruga para convertirse en mariposa, la muerte no termina con nuestra existencia, simplemente la transforma, pero he comprobado que esa experiencia no sólo la vive el que muere sino los que le amábamos y nos quedamos en este mundo también. La muerte de una persona que hemos amado tanto, de alguna manera nos mata también, como la oruga, perdemos la capacidad de vivir de la forma en que habíamos vivido hasta ese momento, las herramientas que teníamos ya no nos sirven para funcionar en un mundo que se vuelve raro y hostil, perdemos el sentido, no encontramos la razón, ni la forma de seguir existiendo, pero el impulso de la vida permanece, tenue, medio apagado, pero no se va, así que por un tiempo no nos queda más remedio que aislarnos, que guardarnos, que apartarnos del mundo por un rato cómo hace la oruga al encerrarse en el capullo.

Los que nos aman muchas veces sienten que nunca vamos a salir de ahí, creen que al separarnos del mundo nos haremos débiles y perderemos la capacidad de vivir y eso puede llevarlos a querer sacarnos de ahí, porque se asustan, pero no saben que lo que pasa es lo contrario, porque en esa crisálida nos vamos transformando, lentamente, poco a poco hasta que un día esa crisálida que nos protegió cuando no teníamos fuerzas para vivir se rompe y nos damos cuenta, con sorpresa, que quien sale del capullo ya no es la oruga que entró, nos damos cuenta de que tenemos unas alas grandes, fuertes, hermosas y de que no tenemos más remedio que volar ¡era hermoso ser oruga! de esa manera vivimos cosas grandiosas, recorrimos ramas llenas de hojas y de flores, conocimos seres y lugares maravillosos, pero la oruga ya no existe, no podemos volver a vivir en ese mundo de antes ni de esa manera, pero un nuevo destino se abre ante nosotros, el destino es el cielo, el regalo maravilloso e inesperado de Dios ante nuestro dolor es la mariposa en la que nos convertimos cuando vivimos esa increíble transformación.

Ese capullo que nos protege cuando no tenemos la fuerza, ni los medios para seguir no es otra cosa que el amor infinito de Dios, es ese amor el que nos transforma, el que nos impulsa, el que nos cambia y el que a final de cuentas nos permite regresar a la vida, a una vida que no es la misma de antes, pero que puede llegar a ser más consciente, más abierta, más libre, más plena.

Una amiga muy querida, que también perdió a su esposo dijo una vez algo que siempre recuerdo y que comparto totalmente: “Me gustaría que mi esposo hubiera conocido a la persona en la que me he convertido hoy” Yo estoy segura de que él conoce a la bella mariposa en la que ella se convirtió y está orgulloso, porque los que nos amaron y mueren dejan grabado su amor en nuestro corazón y ese amor, por la gracia de Dios, se convierte en nuestra fuerza, en la más grande inspiración. Esa mariposa en la que nos convertimos es la más grande prueba de su paso por el mundo y dejarnos transformar en ella la mejor forma de honrarlos.

Comparto hoy esta experiencia tan personal porque se que especialmente en esta época que nos ha tocado vivir, hay mucha gente que está pasando por el difícil momento de haber visto partir a un ser muy querido. Personas que se sienten perdidas en un mundo que ya no saben como enfrentar, si ese es tu caso Jesús te dice directo a tu corazón, sí al tuyo, no tengas dudas de que estas palabras van directas de él para ti: “No tengas miedo de entrar al capullo, solo ten paciencia y déjate cuidar, déjate amar por mi, te estoy haciendo de nuevo. Yo no te he mandado el dolor, yo te daré todo lo que necesites para salir del capullo convertido en mariposa.”

¿Porqué tengo que dejar de ser oruga? Me parece que es una pregunta que no tiene respuesta pero si preguntas ¿PARA QUÉ dejé de ser una oruga? Dios siempre te responderá: para convertirte en mariposa, para volar, para embellecer e inspirar al mundo con tu vuelo, para vivir.

Y no olvides en realidad debajo de esas enormes alas la bella oruga que fuiste seguirá estando ahí, sólo crecerá, sólo cambiará, sólo saldrá adelante y encontrará un nuevo lugar para ser feliz. ¡Por lo que más quieras, no te rindas, sigue adelante!


Fotos: Ma. Guadalupe Flores



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