Saltar para volar

Hace 18 años Carlos y yo llegamos a Metepec con dos bebés de un año y el corazón lleno de amor, sueños, planes e ilusiones y se que él se fue con ese amor multiplicado habiendo alcanzado esos sueños que Dios tenía planeados para él.

Hoy mis hijos y yo estamos a punto de soltar la última amarra que detiene el barco que nos está llevando a una nueva vida y de pronto me inunda esa sensación que he experimentado varías veces en los últimos tiempos: la de estar al borde del abismo a punto de saltar, el miedo se apodera de mi, no creo poder, pero de pronto miro hacia un lado y veo a mi Señor Jesús extendiendo su mano para tomar la mía y miro hacia el otro lado y veo a Carlos, con esa luz que lo ilumina ahora y su sonrisa dulce y serena de siempre, que extiende la suya para tomar mi otra mano y lo entiendo, no tiene caso mirar atrás, lo único que puedo hacer es saltar pero no voy sola y una certeza se instala en mi corazón: no salto para caer, salto para volar, el amor de Dios me hará volar y detrás de mi vienen mis amados niños.

Por mucho tiempo Carlos y yo los hemos cuidado, arropado y protegido pegados al suelo, cuidando sus pasos, fortaleciendo sus alas pero ahora tenemos que hacer lo que corresponde: enseñarles a volar para que pronto puedan hacerlo solos.

Hoy no nos despedimos de nada, hoy Celi, Carlitos y yo celebramos que hemos recuperado nuestro futuro, nuestras ganas de vivir y la capacidad de soñar, porque en realidad no nos vamos simplemente estamos aprendiendo a volar, no dejamos nada estamos ampliando nuestros horizontes.

Metepec será siempre nuestro hogar y no nos despedimos de nada ni de nadie porque todos van con nosotros, pero hoy Dios nos regala un nuevo camino, el cual agradecemos y abrazamos con el corazón. Se que el miedo volverá, siempre vuelve, pero cada vez lo enfrentaremos mejor y sabremos aprovecharlo como un impulso para vivir más plenamente y para llegar mucho más lejos.

En este día escribo esto para ti que hoy tienes miedo, para ti que a ratos has perdido la esperanza, para que sepas que no hay dolor lo suficientemente grande para matar el amor de Dios en tu corazón, cada final esconde un nuevo comienzo. No es fácil, tal vez tardes, pero ten paciencia, tú también podrás, tú también lograrás volar de nuevo, y el dolor no se irá pero tampoco te detendrá, al revés se convertirá en tu mayor inspiración y en tu mejor arma para dominar el miedo y cuando mires desde arriba lo entenderás y todo tendrá sentido, solo soltando llegamos hasta el cielo, Dios te ha creado para volar.

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