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¿Todavía lloras?

Esta es una pregunta que muchas de las personas que hemos pasado por la muerte de un ser querido, llegamos a escuchar en algún momento de nuestro proceso de duelo, pregunta que resulta difícil de responder, sobre todo cuando eres tú mismo quien te la planteas al encontrarte llorando cuando ya ha pasado tiempo, a veces incluso años, desde que sucedió.

¿Cuánto tiempo puedes llorar por esto antes de pensar que algo está mal contigo?

Antes de responder quisiera comentar algunas cosas que mucha gente desconoce o nunca ha pensado, sobre el impacto que tiene en una persona el fallecimiento de alguien amado y significativo en su vida.

La primera de ellas es que la muerte es una realidad inmodificable, el hecho en sí mismo no cambia con el tiempo, físicamente esa persona nunca vuelve y deja un vacío que no podrá ser ocupado por nadie más; el ser humano es único e irrepetible pero también lo es el vínculo que entablamos con cada uno de ellos, por lo que hay una versión de uno mismo que solo existía en relación con esa persona que ahora ya no habita en este mundo. ¿Te habías puesto a pensar en lo difícil que es levantarse a diario y vivir en esa realidad? Una realidad que no cambia ni mejora con el tiempo, ese ser amado no está menos muerto porque hayan pasado meses o años desde que falleció y hay una parte de ti mismo que no regresa tampoco.

Mi esposo murió hace ya casi diez años y si alguien me preguntara eso hoy: “¿Todavía lloras?” mi respuesta totalmente honesta sería: “Si, todavía lloro y lloraré toda mi vida…” pero de la misma forma si alguien me pregunta hoy: “¿Eres feliz?” la respuesta es: “Soy más feliz que nunca, solo que esa felicidad se siente distinta…”

El dolor por la muerte de alguien amado no se supera, la meta del proceso de duelo es lograr aceptarlo e integrarlo a la vida, es decir, renunciar a la idea de que algún día dejará de importar y permitir que ese dolor se acomode en un lugar del corazón donde ya no impida tener nuevas ilusiones, disfrutar la vida, amar más profundamente y encontrarle un nuevo sentido a la vida. Durante el duelo aprendemos a hacer espacio para que en la vida quepan más cosas además de ese dolor inevitable.

El amor y el vínculo que se tiene con esa persona amada no terminan con la muerte, pero no pueden vivirse de la misma manera, el trabajo de duelo ayuda también a trasformar la manera en la que se viven ese amor y ese vínculo, sin atarnos al pasado y permitiéndonos vivir en plenitud.

¿Se escucha difícil no? Pues lo es y mucho, hay que hacer un trabajo que lleva tiempo ¿cuánto? No hay una respuesta específica a eso porque cada persona y cada duelo son diferentes, pero dentro de toda esta intensidad emocional es común que el llorar se convierta, más que en un síntoma de desaliento, en un recurso para liberar el alma cargada de tristeza, cansancio emocional e incertidumbre.

En una sociedad donde estar alegre es casi una obligación, el valor de las lágrimas se conoce muy poco. Llorar permite liberar la enorme carga que el dolor por la muerte de alguien amado genera en el corazón, me gusta pensar que el amor que no se puede entregar físicamente se convierte en lágrimas.

Llorar sin miedo, sin culpa y sin vergüenza fue una de las cosas que aprendí a hacer durante mi proceso de duelo, nunca creí que se pudiera llorar tanto, las lágrimas me asaltaban, de pronto todavía lo hacen, cuando menos lo esperaba, pero por instinto las reprimía como señal de fortaleza. Hoy sé que el llanto no es sinónimo de debilidad, es una necesidad emocional, pero también ahora comprendo que se puede llorar de formas distintas y por causas muy diferentes, sobre todo después de haber visto morir a un ser querido.

Hoy cuando el dolor por la muerte de Carlos regresa de pronto, lloro, pero ahora mis lágrimas ya no son las mismas, hoy mi llanto si representa la tristeza por no tenerlo conmigo físicamente, pero también habla de amor, de consuelo, de agradecimiento y de esperanza.

Por eso si todavía lloras, recuerda el valor de tus lágrimas y si ves llorar a alguien que ha pasado por algo muy difícil, aunque haya pasado tiempo, no preguntes “¿Todavía lloras?” mejor, si puedes, presta tu hombro a esa persona y dale un lugar seguro donde depositar sus lágrimas.

Dios en su infinito amor, sabe que viviendo en este mundo tendremos que atravesar este tipo de situaciones y ha pensado en todo para permitirnos salir adelante, la buena noticia es que el sufrimiento no tiene la última palabra y se puede volver a vivir en plenitud después de despedir de este mundo a una persona amada. Esa persona no solo trasciende a otro plano de la existencia, también trasciende en el corazón de los que le amaron en vida y eso nos permite seguir adelante.

Sin embargo, recuerda que nada de esto se tiene que vivir en soledad, hay personas a las que se les complica mucho más que a otras, pero en todos los casos buscar un acompañamiento amoroso y empático lo hace menos difícil, porque como dice el lema de Fundación Acompaña (www.acompana.org) “EL AMOR ES MAS FUERTE QUE EL DOLOR” y el amor solo se puede vivir en compañía.

 

 

1 comentario


Natalia Zubieta
Natalia Zubieta
hace 5 días

Celi, nuevamente tus palabras tocan mi corazón con una gentileza, amor y sabiduría que valoro mucho. Puedo ver tu luz y tu unicidad en cada párrafo de esta entrada y me recuerdan lo valioso de darle un lugar al dolor, pues el que sea incómodo no le quita lo sagrado y que también sigue siendo una expresión de amor... Me llevo conmigo especialmente esta frase "me gusta pensar que el amor que no se puede entregar físicamente se convierte en lágrimas."


Te agradezco con el alma que sigas compartiendo tu luz a través de la escritura, te quiero y te admiro muchísimo.


-Natus

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